
En 1988, los demócratas temían que Ronald Reagan no abandonara la Casa Blanca si Michael Dukakis se encontraba bien si los demócratas ganaban la presidencia. En 2000, republicanos paranoicos afirmaron que Bill Clinton permanecería en la Casa Blanca y no la abandonaría cuando terminara su mandato en enero de 2001.
Los mismos rumores resurgieron en 2008 y los demócratas temieron que George W. Bush permaneciera en el cargo y no dimitiera después de la victoria de Obama. En 2016, los republicanos temían que Obama permaneciera en la Casa Blanca para siempre.
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Al partido de la oposición siempre le preocupa que el actual presidente no dimita incluso si gana las próximas elecciones presidenciales.
En el caso de Donald Trump, intentó revertir las elecciones perdidas de 2020. Entonces, cuando Trump comienza a hablar de no abandonar la Casa Blanca cuando termine su mandato, hay más preocupación detrás de sus amenazas que los rumores partidistas anteriores.
La realidad es que Donald Trump está mostrando claros signos de decadencia y envejecimiento. Tendrá suerte de seguir en pie y respirando al final de su mandato actual, sin mencionar que tendrá que soportar un tercer mandato ilegal.
Resulta que Trump está hablando de un tercer mandato por una razón, y no es porque quiera permanecer en la Casa Blanca.
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